jueves, diciembre 06, 2007

ala, a pasarlo bien

Son las 5 de la madrugada y el campus está desierto. Se oye a lo lejos, como un murmullo, los restos agonizantes del botellón, y sólo yo paseo, miro, corro por donde todos los días cientos de personas se afanan en estudiar y aprender a ser alguien en la vida. Sigo dando vueltas alrededor de mi facultad. Mía? Hace tiempo que ya no sé de quien es. La primera vez que llegué, cuando era más pequeño me pareció la más bonita de la universidad, pero nunca me gustó lo que dentro de ella había. Hoy doy vueltas, vueltas a la facultad, vueltas entre sus columnas esperando encontrar algo que no he perdido, que yo sepa. El crepitar de las hojas me recuerda que estamos en otoño, que llueve y no sé porqué, pero sé que un gato anda cerca. Vigila cada paso que doy e intenta esconderse cuando me giro sobresaltado, pensando en las más horribles desgracias. Lo vi sólo dos veces. Tenía los ojos negros como la noche sin luna y era gris. No un gris homogéneo, sino que tenía rayas de diferentes tonalidades de un mismo y angustioso color. Mientras, sigo dando vueltas esperando encontrar los porques de mi búsqueda, pero ya no puedo dejar de pensar en el animal espía. Por que me sigue mirando? Lo he visto antes?. Sé que no, sé que es un gato loco que no sabe lo que hace ni a quien está mirando. Entonces...¿por que tengo la sensación de que me conoce? Sigo buscando, intento ignorar la penetrante mirada. Vuelta, vuelta y media y dos vueltas. Necesito encontrarlo pronto, no puedo esperar más. La presión me ahoga, no puedo respirar, las piernas me fallan. Que estoy buscando? Por fin, tendido en el suelo lo entiendo. El maullar lejano y angustioso del gato me ha dado la solución. Busco mi vida, sin éxito busco los segundos perdidos, intento recordar donde los he perdido, pero sigo muriendo sin solución, poco a poco, y el gato sigue cantando su réquiem por mi muerte.

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